13 Feb

Pero… ¿Qué es eso del Branding?

Lo habrán oído últimamente. Branding, Branding, Branding. Está por todas partes. Mira que les gusta un palabro. En el I Branding Day  organizado recientemente por la cadena SER, muchos de los ponentes se esforzaban en decir que el Marketing había muerto. Que ganas de enterrarlo todo, de verdad. Que ahora lo que había que hacer era construir marca, hacer Branding. Y está de acuerdo.

¿Y eso cómo se hace? Es decir, usted tiene una empresa, un negocio, empleados. Tiene un logo, un rótulo en la puerta, redes sociales y una historia. Pero ¿tiene una marca?

Es decir, una marca es todo lo enunciado anteriormente pero es mucho más. ¿Por qué está su compañía aquí? ¿Cuál es su propósito? ¿Cuáles son su misión, su visión, sus valores? ¿Cuáles son sus pilares estratégicos? ¿Cuál es su posicionamiento en el mercado? ¿Cómo es percibido por sus potenciales consumidores? ¿Consumiría usted su propia marca? ¿La recomendaría? ¿Su marca merece un ejército de brand lovers? Si no conoce las respuestas a muchas de estas preguntas, debería comenzar por el principio.

Ya lo decía el aforismo griego γνῶθι σεαυτόν del templo de Apolo en Delfos, “conócete a ti mismo”. Un gran modo de hacerlo es someter su negocio al polígrafo de la plataforma de marca, previo DAFO. Ésta no es más que un instrumento para garantizar que la empresa tenga una propuesta de valor sólida, con personalidad definida, sustentada por valores emocionales y atributos racionales sin olvidar la misión y visión de la compañía. Con lo que la construcción de marca de su empresa ha de respirar verdad. Es fundamental ser honestos y que haya una coherencia entre lo que su marca es, dice ser y lo que hace.

La plataforma de marca es, además, un gran instrumento de Do and don’t. Para definir territorios creativos y acotar, por ejemplo, acciones más tácticas como patrocinios, eventos y convenios alineados.

Muchos clientes caen en el error de pensar que la construcción de marca se consigue únicamente a través de grandilocuentes campañas publicitarias. Que sin un plan de medios digno son totalmente invisibles. Y aquí es donde entra en juego el poder de la Comunicación y de las Relaciones Públicas. Los planes estratégicos de comunicación, las rondas institucionales, la visibilidad, el boca a boca, la confianza, las buenas prácticas. Porque no es la Publicidad o la Comunicación. Son las dos. Todo lo que emane la marca ha de remar hacia la misma dirección.

Sin embargo, según un informe  elaborado por la Dirección General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa en 2017, el 98% del tejido empresarial español está compuesto por PYMES. Muchas de ellas carecen de recursos para una campaña creativa notoria. Sin embargo, la marca o el Branding, se puede y se debe construir a través de la comunicación corporativa. Un viaje de mil millas comienza con un solo paso. El suyo, con una nota de prensa.

 

16 Ene

Los lectores del metro

Le gusta pasear, sentarse en una terraza a observar la gente, escuchar las conversaciones ajenas en el metro. Ya sabe lo que están pensando. No es ser entrometida, es deformación profesional.

Viajaba, pues, el otro día atareadísima, en metro, de camino a la biblioteca cuando se sentó al lado de dos chicas con maletas. En frente, dos chulazos de veintipocos morenos a rabiar, con gafas de sol dentro del vagón y sombrero de paja ibicenco. Los cuatro parecían sacados de un catálogo. Se notaba que estaban de vacaciones.

Hay personas que huelen a verano. Quizá sea su ropa, su actitud o su modo de pasar por la vida. Sonriendo.

De pronto, el chico del sombrero dijo que se estaba leyendo un libro de título enrevesadísimo y en voz baja la chica de su izquierda dijo el título del penúltimo de Espinosa. “Si tú me dices ven lo dejo todo pero dime ven”, pensó ella mentalmente sonriendo por la ternura de la situación. Contra todo pronóstico, la amiga necesitó la ayuda de otro señor de traje que, como ella, también estaba escuchando la conversación, sin iPad, y sin ningún rubor. Y después resultó que tampoco y todo el vagón estalló en una carcajada catártica, deliciosa, por fuera de lo común.

Después, resultó que el libro que aquel chulazo -de Mallorca que se dirigía a Alicante- estaba leyendo era “No me iré sin decirte a donde voy”, del cual no había escuchado hablar en la vida. Y se imaginó lo divertidos que deberían estar los autores, o más bien las editoriales, ideando trabalenguas ocurrentes, imposibles de memorizar para generar situaciones surrealistas como la que acaba de presenciar.

Aquella conversación casi acaba en romance. Pero no. La chica de su derecha fue rápida. “¿Cuánto tiempo te quedas en Valencia?”, le dijo al guapo. Pero no pudo ser, seguía hasta Alicante. No les dio tiempo ni a darse los whatsapps. Pero con aquella mirada se lo dijeron todo.

Hace tanto que nadie la mira así… La conversación de aquellas teenagers siguió versando sobre el sombrerito y su sonrisa y no sobre literatura, como era de esperar.

Ambas concluyeron que sería divertido conocer al desconocido. Con la edad, aquellas modernas aprenderían que las historias divertidas suelen ser siempre las que duelen más.

15 Ene

Vivir con menos

Recientemente, alguien le habló del reto 333. Es un proyecto que consiste en elegir 33 prendas y vivir con ellas durante 3 meses. Se incluyen prendas de abrigo, zapatos, complementos así como outfits para celebraciones especiales. Las excepciones, la ropa interior, deportiva y pijama. Tan solo se puede reponer algo cuando la prenda se estropea.

La primera pregunta que le vino a la mente es si ella podría hacerlo. La segunda ¿para qué? Comentan que es antídoto a fast fashion pero, sobre todo, un comienzo para ordenar la vida y simplificar las cosas. Deteniéndose a pensar cada vez que se compra si esa prenda es necesaria o si les hace feliz. Tener menos cosas pero todas bonitas. La decoración nórdica es un buen ejemplo.

El 333 es una de las reglas que abrazan los minimalistas. The minimalism es un movimiento creado por Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus en Estados Unidos y que promueve vivir con menos.

Activistas sociales, autores del documental “Minamilism”, a través de su web y sus podcasts cuentan su historia a todo aquel que la quiera escuchar. Ganando un sueldo de 6 cifras antes de los 30, uno de ellos apenas pudo despedirse de su madre enferma. El mismo mes, su mujer le dejó porque nunca estaba en casa. De camino a decorar su enésima casa, hizo un lista mental de todo lo que necesitaba comprar. ¿De verdad lo necesitaba?

‘Minimalism’ (disponible en Netflix) no es el mejor documental de la historia pero pone el dedo en la llaga. ¿Para que trabajar tan duro si después no se puede disfrutar de lo que de verdad importa? El documental muestra un rosario de antihéroes que renunciaron al reconocimiento social.

Decidieron dar un paso al vacío: abandonar sus trabajos, comprar casas más pequeñas para tener tiempo para ser felices. El éxito de los perdedores de caminar calmo y sonrisa abierta.

14 Ene

Impostoras

Leía recientemente un artículo sobre cómo determinadas mujeres de éxito, auténticos fenómenos mediáticos, padecían el denominado Síndrome del Impostor. Es decir, que a veces sentían no merecer el éxito que habían conseguido con su talento y esfuerzo. Si bien es cierto que no se imagina a Cristiano Ronaldo afirmando lo mismo, no está de acuerdo en que esto sea algo privativo de la mujer. No es una cuestión de género sino de responsabilidad.

Las personas que padecen el Síndrome del Impostor o Síndrome del Fraude -el fenómeno psicológico según el cual los sujetos atribuyen su éxito al azar o a las casualidades- temen ser descubiertas de un momento a otro. No tiene nada que ver con la preparación. Es una cuestión de actitud y de reconocimiento. Suele darse en entornos altamente competitivos y el profesional que lo sufre suele ser una persona comprometida con la organización, que inconscientemente, trabaja más y más duro para obtener reconocimiento de su valía. Propio y ajeno.

Según los expertos, también se da, por ejemplo, en familias monoparentales o del mismo sexo que se esfuerzan en educar a los hijos mejor que las familias de corte tradicional. La presión social percibida les hace reforzar su elección de modelo familiar. Pero, sea como sea, estos síndromes surgidos a finales de los 70 hay que cogerlos con pinzas, a pesar de su vigencia.

¿Quién no se ha sentido un impostor alguna vez? ¿En la facultad, los primeros meses en un nuevo trabajo, en una relación inesperadamente maravillosa? Muchas veces, una se queda trabajando hasta tarde no porque tema ser descubierta en su inoperancia sino porque la carga de trabajo es abrumadora. La crisis permitió la destrucción de numerosos puestos de trabajo y un importante retroceso en los derechos laborales que, ahora que está pasando el chaparrón, no se han restablecido.

13 Ene

El test Marshmallow

Hace un millón de años que no come chuches, aproximadamente. Cuando las comía, nunca supo cómo llamar a las nubes, esas chuches de aspecto cilíndrico, rositas y blancas, que algunos de sus amigos solían llamar jamoncitos. Es ese producto que en las pelis americanas insertan en un palo y las derriten en la lumbre durante una acampada. Recientemente ha descubierto que, en inglés, se llaman marshmallow. Qué cosas.

Les cuenta todo esto porque quiere hablarles del “Marshmallow test” que en castellano se vendría a traducir como “La prueba del jamoncito”. Definitivamente, en inglés todo suena mejor.

Pues bien, en los años 70 se popularizó una prueba realizada a los niños para analizar su sistema de recompensa tardía. El psicólogo Walter Mischel, de la Universidad de Stanford, ofrecía a los niños poder elegir entre una recompensa de inmediato (un jamoncito) o dos pequeñas compensaciones (dos chuches) si esperaban 15 minutos solos en la habitación dado que el investigador los dejaba solos en el aula.

Algunos hacían lo que podían para combatir su pulsión hacia la recompensa inmediata y obtener dos dulces. Se ponían de espaldas a la chuche, trataban de no mirarla, se inventaban juegos…

La investigación demostró que los niños que supieron esperar tendrían mejores resultados en general, tanto en resultados académicos como control de su peso (en valores de IMC) y otras medidas. Hace unos días, el divulgador Adolfo Galán se preguntaba si los adultos de 2017 pasarían este test… Con sus teléfonos móviles. Y todo lo que ello comporta: WhatsApps, mails, redes sociales.

Son como cocaína para cualquier sistema de recompensa y una auténtica ruina para la productividad. Lo malo es que, de adultos, el premio ya no es ni siquiera un jamoncito es el enésimo correo urgente. Con mayúsculas en el asunto del mail, claro.

12 Ene

Forever young

¿Cuándo fue la última vez que leyeron un libro? Un libro entero, quiere decir, de ficción, ensayo, poesía… Lo imaginaba. Ella se obliga a leer en el metro el trayecto al trabajo y lleva paseando a su triángulo amoroso durante meses pero piensa que esta semana acaba con ellos, con su tragedia y su dolor. Es tan triste que es así. Se obliga a leer. Con la irrupción de las plataformas tipo Netflix se está embruteciendo. Tanto, que su índice de lectura ha descendido preocupantemente en los últimos años. Pero es algo más: es un síntoma. Social.

Por defecto, lee la prensa a diario y sigue la actualidad por diversos canales de información. La mayoría, por las redes sociales. Resulta increíble que los medios promocionen sus noticias en Facebook. Sencillamente porque los jóvenes no leen. Lo ve en sus alumnos. No tocan un libro ni con un palo. Y eso pasa factura. En el habla, en la expresión pero sobre todo en la amplitud del pensamiento. Son el fiel reflejo del mínimo esfuerzo. De lo que se denomina la progresiva infantilización de Occidente.

Algo que, por desgracia, va más allá de la cirugía estética, de la crisis de mediana edad, o de que, pronto, envejecer esté penado por la ley.

Según Marcel Danesi, profesor de antropología y autor de Forever Young, una sociedad inmadura se caracteriza por unos ciudadanos dóciles, donde impera la inmediatez, los contenidos banales y la pornografía de la imagen –entendida ésta por memes, cotilleos, y vídeos virales de carente valor informativo- que satisfacen nuestra curiosidad y alimentan la pulsión de instantaneidad.

La progresiva analfabetización funcional genera masas anestesiadas que exigen más a la vida sin entender el entorno que les rodea y que acogen encantados los dogmas y, como resultado, la sociedad se polariza. Aún están a tiempo. Corran a la biblioteca más cercana.

 

18 Dic

Glosofobia, la fobia de los listos

Puede que lleven sufriendo glosofobia durante años. En silencio. Y ustedes sin saberlo. Pero, tranquilos. No morirán de esto. A menos que lo hagan sobre un escenario. Porque la glosofobia es, sencillamente, el miedo a hablar en público. Una fobia de las más comunes e invalidantes que conoce. Sencillamente porque ataca a los listos, a las personas responsables. A aquellas que se exigen tanto a sí mismas que se olvidan de disfrutar cuando se suben a un escenario.

Lo lleva viendo desde hace 20 años, los que lleva dedicándose a la comunicación. Personas que le dicen: “Ya, pero es que yo no quiero que me enseñes a respirar, o a proyectar la voz. Yo lo que quiero es que me dejen de sudar las manos”. Porque las técnicas no sirven de nada si uno no se enfrenta a sus miedos. Porque realmente lo que subyace a ese terror es un miedo básico y profundo: el miedo al otro, a no encajar. Al rechazo a través del juicio, a hacer el ridículo. Ya ven. Qué tonto. Y qué humano.

Lo entenderán con un ejemplo. ¿A quién le gustan los exámenes? ¿O las entrevistas de trabajo? Seguro que han experimentado esa misma sensación al volver a estudiar un idioma de adultos. ¿Cómo se sienten a la hora del speaking? Y eso que no se juegan nada. Los nervios son inevitables. Otro ejemplo. Alguien les saca una foto de improviso. Usted se ve fatal. El pelo de aquella manera, la expresión rara aunque divertida. Su interlocutor insiste en que está fenomenal. Pero, claro, usted es su peor enemigo y pide que no le etiqueten …Y ¿qué más da?

Y otro más. Ahora, uno de ustedes, una mujer, debe subir al escenario. Rápido. El escenario es enorme. La sala está a oscuras. Y el atril está iluminado. Seguro que estará pensando en si esa ropa le hace gorda, que claro, que con lo difícil que es conciliar cualquiera encuentra un rato para sí, para escaparse al gym, que sus compañeros, los de siempre, ya estarán ahí pendientes, esperando a que se quede clavada. En blanco, con un hilo de voz, mientras se tira de la falda.

Cuando en realidad, ¿saben una cosa? Nadie es tan importante. Y nadie les juzga. Las personas de ese auditorio han ido a escucharle usted, independientemente de sus pelos o de sus piernas. Lo importante es su bagaje, su experiencia y sus ideas. Y si lo hace mal. ¿Qué es lo más terrible que pueda suceder? ¿Que no repita el discurso el año que viene?

Deberíamos aprender a tomarnos menos en serio. Porque, ¿saben una cosa? Nunca pasa nada.

04 Dic

Las notas de prensa han muerto

Muchos clientes le comentan que las notas de prensa no sirven para nada. Que ya no se las creen, que no funcionan. Depende, les dice. Depende de la gracia con qué estén escritas. Depende de la base de datos. Del momento en el que se envíen. Pero, sobre todo, del objetivo que se persiga con ellas y de si el tema es relevante y aporta valor al medio y a los lectores…

La nota o comunicado de prensa no deja de ser una herramienta. Un formato en el que distribuir unos hechos noticiables en una estructura clara para los periodistas. Pero no es un fin en sí misma. Como no lo es un picaporte. Un picaporte cobra sentido y utilidad integrado en una puerta. Y esa puerta se colocó en una habitación determinada arreglo a unos planos que, previo acuerdo, diseñó un arquitecto. Porque nadie construye una casa sin planos. Como nadie emprende un viaje sin saber a dónde va. A menos que le sorprendan con un Waynabox.

Una nota de prensa es una acción táctica más –como lo es la organización de una rueda de prensa o de unos premios empresariales- dentro de una estrategia de comunicación que debe sumar y responder a los objetivos preestablecidos dentro del Plan de Marketing. Un plan sustentado en la Misión, Visión y Valores de la compañía. Pero sin un plan de acciones claro y unas relaciones públicas solventes y de confianza las notas, es cierto, han perdido eficacia. Sencillamente porque no nacieron para eso.

Vivimos en un entorno cambiante, en crisis constante. Los medios de comunicación con los que crecieron sencillamente no existen pero la mayoría de agencias de comunicación o consultoras de PR continúan empleando técnicas de los años 90. Lo que ha causado sobrecarga en las redacciones y que la mayorías de notas publicitarias disfrazadas de información se deriven al departamento comercial. Si usted quiere visibilidad, pase por caja.

Porque si cuando usted llega a casa, pone Netflix y a duras penas consume televisión, ¿por qué su empresa sigue comunicando igual que hace cinco, siete, diez años? En 2005 nació YouTube; en 2007, Facebook; en 2009, WhatsApp; en 2010, Instagram. La comunicación corporativa debe estar a la altura de las necesidades de los nuevos consumidores. Y de los nuevos medios. Con solvencia, creatividad y estrategia. ¿Qué las notas de prensa que conocíamos han muerto? Desde luego. Vivan las notas de prensa.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies